| Tu Relato |
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Nuestro invitado Déjeme platicarles un poco de nosotros, somos una pareja felizmente casada, con altibajos como cualquier pareja, tal vez la diferencia con otras parejas es, que nosotros compartimos el gusto por el ambiente swinger, el cual nos ha ayudado a reforzar nuestra unión como pareja y a reforzar de manera más excitante nuestras relaciones sexuales, haciéndolas más placenteras, más cachondas y más fantasiosas. Ahí, es donde, a pesar de lo delicioso que es hacer el sexo con mi esposo, las fantasías poco a poco van adquiriendo el deseo de llevarlas a cabo, siendo más placenteras al estar juntos como pareja, pues bien, en varias ocasiones cachondas, mi esposo yo habíamos platicado que uno de estos días lo llevaríamos a cabo, mi esposo cada vez que podía me preguntaba si realmente me gustaría llevar a cabo una fantasía que compartíamos ambos, la verdad es que no pude decir que no, tuve que aceptar que el imaginármelo había sido fantástico y que deseaba hacerlo realidad, aunque jugábamos con un pene de plástico de manera muy rica, el sentir otra rica verga de verdad, era una sensación extraña en mi, en verdad quería sentir dos vergas dentro de mí y no pude negarme, mi putería no pudo negarse. Así fue que el fin de semana siguiente, apareció nuestro invitado y esto fue lo que sucedió. Todo el fin de semana, cada vez que teníamos sexo mi marido y yo, no dejaba de imaginar el estar con otro hombre, lo que me provocaba muchísima calentura y unos orgasmos increíbles. El lunes, mi esposo volvió a salir de viaje, sin hacer algún comentario de nuestro nuevo acuerdo, por lo que pensé que se haría realidad en el mediano plazo y cada noche, al llamarnos por teléfono, tampoco hacía ninguna referencia a nuestro "proyecto", lo que más excitación me causaba, pues yo era quién ahora, lo deseaba de manera urgente, aunque no niego que al terminar de platicar con mi esposo, me tranquilizaba con el rico juguetito, pero el gusanito y las ganas, no desaparecían del todo, así transcurrió la semana. Como todos los viernes, al llegar mi esposo, lo recibía semidesnuda y lista para darnos una deliciosa cogida antes de cenar; a mí, de solo saber que llegaba mi esposo ese día, desde en la mañana ya traía mi conchita húmeda y él, con lo caliente que es y los días de abstinencia, lo transformaban en una fiera, lo que hacía que me diera una súper mega cogida cuando llegaba a casa, en esta ocasión, él me trajo de regalo de un sex shop, consistía en un antifaz, que no me permitía ver nada, él preparó la cámara fotográfica, luego me pidió que me pusiera un baby doll negro con encaje rojo que le encanta y que también era parte del regalo e inició una sesión fotográfica, con posiciones muy sensuales, cachondas y sugerentes mías. En algún momento, me pidió que me colocara el antifaz y continuó la sesión y yo comencé a calentarme; debo confesar que no me agrada mucho el exhibirme, ni retratarme sexy, pero en esta vez, me encontraba muy caliente por todo lo que había estado pensando durante la semana. Mientras continuábamos con las fotografías, yo misma empecé a recorrer mi cuerpo con mis manos, acariciándome los senos y la entrepierna, pellizcándome mis pezones y acariciándome mi clítoris, sintiendo como mi conchita se humedecía, mientras me acariciaba sobre la tanga, hasta el punto de no darme cuenta que mi esposo había salido de la habitación, para abrir la puerta de la entrada a nuestro invitado. Después, mi marido me explicaría que había programado la cámara para que siguiera tomando fotos mientras él, iba a la puerta por nuestro invitado. Al regresar a la habitación, él se acercó a mí y me preguntó si me sentía lista, a lo que tuve que aceptar que me había masturbado hasta conseguir mi primer orgasmo y que estaba lista para lo que se le ocurriera, incluso ya me había quitado tanto el baby doll como la tanga. De inmediato, él tomó mi mano y la puso en su verga, enseguida se la acaricié hasta su base, sujeté sus huevos y me incorporé hasta poder lamérselos, chupárselos y sorbérselos mientras lo masturbaba lentamente con una mano. En ese instante, mi esposo, volvió a preguntarme si estaba lista y yo le contesté ya impaciente, que estaba lista para lo que quisiera. No había terminado de decirlo cuando sentí entre mis piernas, una lengua que me recorría de las rodillas al borde de mi conchita; asustada, me quité el antifaz, levanté la cabeza y miré sorprendida a mi marido y solo me dijo "es tu otro regalo, te presento a Francisco", quien poco caballeroso pero muy cachondo, no cesó en sus lengüeteos. No supe qué hacer, me encontraba extrañada y perpleja, intimidada y excitadísima, pues aunque lo estuve deseando durante toda la semana y estaba segura de quererlo, la sorpresa me tenía paralizada. Mi marido no dejó que siguiera en mis pensamientos, me tomó del cabello y enseguida me recostó por completo, me dirigió su verga, directo a mi boca, la que en esta ocasión, la sentía diferente, muy grande y gruesa, más de lo normal, comprendí que mi esposo, también estaba súper excitado, en ese momento, comencé a sentir todo lo que había estado fantaseando durante la semana y un calor sabroso me recorría desde la entrepierna hasta los labios, que no dejaban escapar el duro pene de mi esposo, lo que se acentuaba, cada vez que Francisco jugueteaba con su lengua entre mi ano y mi vagina. Al mismo tiempo, mi marido, me pellizcaba los pezones y me mallugaba mis senos con la mano entera, mientras poco a poco, yo iba incrementando mi calentura, al darme cuenta de la situación y reconocerme como toda una puta, compartiendo mi cuerpo con dos hombres, lo que siempre había fantaseado y que ahora era una realidad, cosa que me tenía a mil. El trabajo que nuestro invitado hacía en mi entrepierna, me llevó a un segundo orgasmo, entonces solté la verga de mi esposo y miré al invitado en mi conchita, que me comía deliciosamente, la vista me excitó más y le pedí que se recostara, luego me arrodillé y mientras besaba a mi esposo, le pedí que me cumpliera la fantasía, que me penetrara mientras se la mamaba a nuestro amigo. Francisco ya se encontraba, con su verga bien erecta, así que de inmediato, ataqué mi nueva golosina, introduciéndomela hasta la base, mientras mi marido tomaba su posición para introducirme su riquísima verga; aclaro que la verga de nuestro invitado, es más corto que el de mi marido, pero eso si, más grueso, diría que bastante más grueso, cosa que pude comprobar después. En ese momento, mi esposo me tomó de la cintura y en un solo movimiento, me penetró hasta sentir sus huevos chocando contra mis nalgas, la sensación, fue increíble y me permite asegurar, "¡mujeres del mundo, coger con dos hombreees!", es delicioso. Ya mi marido estaba extasiado con la vista e iba incrementando la fuerza de sus empellones, logrando que mis nalgas se bambolearan y mis tetas se mecieran de tal forma que llegó un momento en que comencé a sentir un poco de dolor, pero un dolor, que nunca deseas que termine. Con cada embestida, yo sentía como mi cabeza quería explotar, al punto de dejar de mamarle la verga a Francisco en diversas ocasiones, esto lo obligó a que se recorriera de manera que ahora él me mamaba las tetas, que seguían al aire, haciendo círculos con su lengua alrededor de mis pezones, luego me los jalaba con sus dientes y al soltarlos, me provocaba un sabroso escalofrío; también me mordisqueaba mi seno en el pliegue y los recorría hasta llegar a la otra teta, para repetir la dosis. Por eso, mis piernas sentían como escurrían los jugos de mi vagina, por la excitación tan grande que estaba viviendo. Pasados unos minutos, Francisco cambió de posición acomodándose de forma que empezó a chuparme y a mordisquearme mi clítoris, eso me provocó un orgasmo más, ya que mientras uno me cogía, el otro me mamaba y yo le chupaba su verga. En ese momento, mi marido presionó mi cintura, indicando que estaba llegando al punto máximo de excitación y llenándome con una buena dosis de su leche calientita en un último empellón en lo profundo de mi conchita, la que pedía más y más. Yo deseaba más, así que una vez que mi marido me la sacó y sin más permiso que mi putería, gateé hasta la verga de Francisco, que para ese entonces ya se había colocado un condón, como sabiendo que ya era su turno, agarre su rica verga y acomodándolo en mi entrada dándole la espalda, me ensarté poco a poco, disfrutando de cada pedacito que se introducía en mi, entonces le pedí a mi esposo, que se pusiera enfrente de mí para limpiarle la verga que aún le escurría. Francisco, se sorprendió, ya que mi esposo le había advertido que probablemente yo no quisiera coger con él, pero en ese momento, ya no me importaba nada, solo deseaba seguir disfrutando de todo el placer de ese momento y de nuevo, se la mamé a mi esposo y me cogí a Francisco. Llegamos a un momento, donde mi marido nuevamente estaba duro y listo para la acción, al darme cuenta y sin dejar de moverme en el pene que disfrutaba, le dije que se había ganado el premio que tanto deseaba. Él no podía creerlo, pues desde la luna de miel, hace 25 años, me confesó su deseo de abrirme el ano, cosa que siempre me dio temor y le había negado. Ese día estaba tan agradecida, que se lo ofrecí, pidiéndole que buscara con qué lubricarme para hacerlo. Al salir mi esposo de la habitación, me di vuelta y por fin vi a nuestro amigo, no lo podía creer, mi esposo había buscado a un tipo con las características que siempre le dije que me gustaban, tenía el cuerpo trabajado en gimnasio pero solo firme y marcado, no muy musculoso y casi lampiño. Enseguida, me incliné permitiéndole alcanzar nuevamente mis senos y en ese momento, lo dejé que fuera él quien pusiera el ritmo de la riquísima cogida que me estaba dando; en eso, mi esposo regresó con una botella de lubricante anal y se puso detrás de mí, primeramente lamiéndome y acariciándome el ano, mientras yo seguía cabalgando esa deliciosa verga, mi esposo me untaba el lubricante e intentaba abrir con un dedo, mi anito, para irlo dilatando, hasta conseguirlo, aquello se sentía delicioso, en mi conchita una deliciosa verga bien gruesa y una sensación riquísima de un dedo en mi anito, hummm, que rico placer. En ese instante, mi esposo se incorporó y me hizo doblarme por completo, recostándome sobre el pecho de nuestro amigo, luego colocó su verga en mi anito e introdujo la suya poco a poco; no lo podía creer, dos vergas dentro de mí, mis dos agujeritos llenos, wooaauu, eso se sentía riquísimo, incluso Francisco se quedó quieto un momento y mi esposo, siguió con un lento, mete saca, hasta llegar a pegarme sus ricos huevos en mis nalgas, eso, me arrancó otro orgasmo. Para entonces, mi cuerpo no daba más, estaba exhausta pero ahí, mi esposo se detuvo y dejó que Francisco volviera a cogerme hasta que avisó que se vendría, rápido me moví para que me la sacara, le quite el condón y lo ayudé masturbándolo, mientras mi marido, nuevamente me introducía su verga en mi anito, con la verga de mi marido adentro aún, seguí, masturbando a nuestro amigo hasta que explotó y no se la solté hasta que dejó de salir la última gota, para enseguida limpiárselo a lengüetazos y a chupadas. Con mis piernas temblorosas, me recosté a un lado de nuestro invitado y estando de costado, mi marido continuó cogiéndome hasta que se vino una vez más dentro de mí; en ese momento, me moví para que él se acostara junto a mí y así me quedé dormida, abrazando a mi esposo de frente y siendo abrazada por Francisco por detrás. Desperté a la mañana siguiente, Francisco ya se había ido y mi marido ya se había levantado y bañado, estaba en una mini trusa en el escritorio de la computadora, leyendo su "correo" y tomando café; aún amodorrada, me dirigí desnuda con él, me senté en sus piernas, lo abracé, lo besé y al oído, le dije "gracias por tan maravilloso regalo". Al momento, comenzamos a acariciarnos y a cachondearnos, luego me levanté, empujé un poco el escritorio y me arrodillé frente a él, acariciándole su miembro sobre el calzoncillo hasta que la excitación hizo que se asomara por el resorte de la cintura. Acto seguido, le quité la trusa y comencé a mamárselo hasta que él me tomó por el cabello, "obligándome" a metérmela hasta el fondo y cuando me soltó, me levanté y aprovechando sus piernas abiertas, me senté en su miembro duro, sin metérmelo aún y se lo tallé con mi trasero hasta que comencé a fluir de mi conchita, esos líquidos del deseo y la excitación, propios de mí, lo acomodé y me ensarté en él, haciendo movimientos de arriba abajo, adelante y atrás y como le daba la espalda, me sujetó fuertemente de las tetas. No sé, sus hombres, pero mi esposo, entre más coge, más dura en cada cogida, razón por la que no lo dejo mucho tiempo sin coger, así que obtuve mi primer orgasmo de la mañana, cuando dejé de moverme, nos pusimos de pie sin que me la hubiera sacado aún, luego me volteó e hizo que me inclinara sobre la silla en que estaba sentado, diciéndome: "ahora sí voy a tomar mi premio". Rápido, él destapó el botecito de lubricante anal y dejó caer un chorro sobre mi ano, que se escurrió hasta su verga, aún metida en mí y con su dedo pulgar, me lo sobaba en círculos hasta que poco a poco, me lo introdujo hasta la uña, haciendo movimientos lentos dentro de él, yo sentí un poco de dolor, pero me mantuve callada, se lo había prometido y además, se lo merecía, poco a poco, me fui acostumbrando al movimiento y al darse cuenta que ya no había resistencia, me sacó su pene de mi concha y dirigió su glande a mi apretado agujero, ahí volvió a chorrear un poco más de lubricante e inició su intento por penetrarme. Increíblemente, obtuvo menos resistencia de la que ambos esperábamos y me lo metió hasta la mitad, ahí se detuvo, luego me acarició mi espalda, se agachó y me la besó, entonces me tomó de la cintura, me dio las gracias y de un solo movimiento, me la empujó hasta el fondo. Yo no pude contener el grito, me dolió, mucho y hasta le pedí que me la sacara, que no siguiera pero no me hizo caso, se mantuvo sin moverse de nuevo, al tiempo que me acariciaba el clítoris con una mano, haciendo que mi calentura volviera a incrementarse. Cuando estaba calientísima otra vez, comenzó a cogerme el ano de manera que no pude dejar de gemir, soltando uno que otro grito de dolor hasta que fueron convirtiéndose en grititos de dolor y gemidos de placer. Así, fui comprobando poco a poco que la estimulación anal es placentera y la disfruté mucho, sin embrago, no alcancé orgasmo alguno pero el escuchar como mi marido lo disfrutaba, fue más que suficiente premio por lo que me había regalado antes. Una vez que terminó, lo besé nuevamente y me fui a bañar, él se quedó contento a disfrutar su café y su lectura. Esta sería mi primera experiencia en trío pero no la última, aún deseo probar a una mujer y ya tengo a las candidatas…, será Norma o tal vez Ana… Betty Enviada por: UNAPUSH México |
| Última actualización el Miércoles, 02 de Mayo de 2012 16:25 |








